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Caso Eritrea. Miedo y represión contra los activistas y la mejor manera de hacerles frente

Miedo y represión contra los activistas y la mejor manera de hacerles frente



Eritrea, país de África Oriental, está entre los mayores productores de refugiados del mundo. Hay muchas razones para ello. La gente huye del “servicio nacional” o, como podría llamarse también, “campaña de trabajos forzados o esclavitud”. También se marchan por la falta de libertad de expresión; el encarcelamiento de periodistas, ministros del gobierno y generales especialmente en 2001 hizo que los eritreos perdieran la confianza en el partido del gobierno.
Algunos de los que han abandonado Eritrea se han unido a campañas contra la dictadura en Eritrea. Y por ello hacen frente a graves consecuencias. Al hacerlo, se enfrentan al rechazo social, político y personal, del gobierno, de sus familias y de los simpatizantes del régimen eritreo.

En Eritrea no existe la libertad de expresión, de culto o de organización, ni el derecho a negarse a cumplir el servicio militar. Levantar la voz contra estos abusos en público es algo que da miedo a muchos eritreos.

Aunque la declaración de 1994 afirma que el servicio militar tiene una duración de 18 meses, en realidad puede ser ilimitado. Algunos de mis amigos y parientes llevan en el ejército 10 años o más. Pero oponerse a esta política ha sido un reto para muchos eritreos. Muchos permanecen pasivos a pesar del trato inhumano. Aquellos de nosotros implicados en campañas padecemos el miedo relacionado con la represión social, política y personal de este trabajo. Pero ¿por qué todos esos retos del miedo? Voy a tratar de enumerar algunas de las razones.

Existen muchos motivos que explican por qué los eritreos exiliados tienen miedo de expresar sus verdaderas opiniones contra la política del régimen. Entre la diáspora eritrea se encuentran algunos eritreos fanáticos que apoyan ciegamente las políticas dictatoriales. Unos son ex combatientes por la independencia del país, y lo abandonaron poco después de la independencia. Otros dieron apoyo al frente de ex combatientes (Frente Popular de Liberación de Eritrea), que luchó hasta 1991. Esas personas no han experimentado la Eritrea actual, sometida al represor partido único “Frente Popular para la Democracia y la Justicia” (PFDJ).

Algunos son miembros del PFDJ o están organizados por la oficina de seguridad eritrea (en Embajadas o Consulados) para destruir la actuación de los activistas o atacar a cualquiera de ellos, físicamente o moralmente. Los motivos de los simpatizantes pueden ser intereses privados, o puede que quieran actuar contra cualquiera que se oponga a la política del gobierno. Esa gente tienen problemas para distinguir entre el gobierno como institución, el país y las preocupaciones del pueblo eritreo. Para esta gente, cualquier cosa que se oponga al gobierno actual está en contra de Eritrea o contra la independencia de Eritrea. Citan el martirio de los 65.000 combatientes, la desaparición de miles de civiles y la pérdida de propiedades del pueblo eritreo. Pero los así llamados mártires combatientes lucharon por la libertad del pueblo eritreo frente a todo tipo de abusos e injusticias, abusos que ahora son habituales bajo la actual administración.

Durante muchos siglos, Eritrea no fue independiente. El país fue colonia italiana desde 1890 a 1941, estuvo bajo la autoridad británica entre 1941 y 1952 y bajo el dominio de Etiopía de 1952 a 1991. Aunque la independencia del país está garantizada después del referéndum de 1993 supervisado por la ONU, el gobierno difunde por razones políticas que Etiopía representa hoy día una amenaza.

La maquinaria del miedo y la intimidación está en marcha las 24 horas del día gracias al gobierno eritreo y sus simpatizantes, haciendo que la gente viva en estado de miedo. El sistema finge a través de sus emisoras de radio que el país está amenazado por enemigos internos y externos, apoyados por los que están contra Eritrea y su independencia.
El otro problema es el miedo a las amenazas por parte del gobierno contra las familias en Eritrea de los activistas. El gobierno eritreo ha acosado a familias de activistas y de los que consiguieron escapar del servicio militar y emigraron a otros países. Las familias de la gente que ha emigrado han sido castigadas, o bien siendo encarceladas, o bien con multas de 50.000 Nakfa (moneda eritrea), que equivale a 5000 dólares, una cifra totalmente inasumible para un granjero eritreo.

Los activistas en el exilio temen también el rechazo social de la comunidad eritrea. Se encuentran con el rechazo social en los actos comunitarios, como por ejemplo en vacaciones, bodas y otras ceremonias sociales. Además, si alguien hace campaña contra las malas políticas del gobierno, puede encontrarse con el rechazo o el aislamiento de sus propios hermanos y hermanas y de toda la familia extensa en la vida cotidiana. Un conflicto familiar que también puede afectar a sus hijos. Así, alguna gente prefiere no implicarse en acciones contra el gobierno.

Muchos eritreos también tienen miedo de perder su identidad. El régimen impone a los eritreos exiliados un impuesto del 2% de sus ingresos. Quienes no pueden pagar o no quiere pagar no tendrán acceso a los servicios básicos como ciudadanos de Eritrea. Esto puede implicar incluso el acceso al certificado de nacimiento, certificados académicos o cualquier documento oficial de la oficina controlada por el gobierno de su país. En otras palabras, no hay posibilidad de ejercer un derecho legalmente permitido en Eritrea. El 2% y otros pagos adicionales ordenados por el gobierno son impuestos siempre como precondición para obtener servicios gubernamentales.

Cómo enfrentarse al miedo

Afrontar el miedo y la represión contra los activistas no es una cuestión sencilla. Requiere compromiso y determinación por parte de los activistas. Muchos activistas eritreos por los derechos humanos han trabajado individualmente y de una manera organizada en forma de asociaciones cívicas en distintos países. A pesar de todos los retos personales y organizacionales, en los últimos 11 años han hecho todo lo posible para hacer frente a la realidad de Eritrea y levantar la voz públicamente. Esas acciones abrieron la puerta para que muchos eritreos rompieran el yugo del miedo y la represión. Con los limitados medios organizados por los eritreos, los activistas han estado trabajando duramente contra el rechazo social y han contribuido enormemente a mostrar cómo los eritreos deberían hacer frente a su gobierno.

Se han publicado cientos de miles de artículos y blogs en los últimos años. El número de sitios web y programas de radio (disponibles por satélite y en internet, así como a través de la emisión de onda corta) se incrementa año tras año. Miles de eritreos que se oponen a las políticas del gobierno se comunican a través de Facebook, y siguen lo que sucede en Eritrea. Todos los días, sobre todo los fines de semana, miles de activistas eritreos usan pal talk (un servicio de chat de internet) y discuten los temas de actualidad del país. A diferencia de lo que sucedía hace 11 años, ahora hay muchos ex miembros de alto rango del PFDJ que están dispuestos a compartir sus experiencias y exponer a las nuevas generaciones la verdadera naturaleza del partido gobernante.

Además, las asociaciones cívicas están organizando manifestaciones en casi todas las reuniones, conferencias y seminarios en del PFDJ que se celebran en el exterior, principalmente en países de la UE y en EEUU. El mensaje es muy claro: los eritreos han estado haciendo un llamamiento continuo a la comunidad internacional a que presione al gobierno eritreo para que libere a los presos políticos, abra un foro garantizado constitucionalmente y respete los derechos humanos en Eritrea y la legalidad.

A pesar de los altibajos, los eritreos cada vez tienen más fácil hablar abiertamente sobre la situación actual. Sin embargo, todavía queda un largo camino hasta conseguir movilizar a la diáspora eritrea para que haga frente a la realidad de su propio país.

Tener un movimiento mejor organizado, fortalecido con estrategias alternativas, organizar acciones unitarias, hacer una buena amistad y contacto con las organizaciones internacionales pacifistas y de derechos humanos, son algunas de las cosas más importantes que pueden romper el miedo y la represión. Todo ello puede construir un buen sentimiento de confianza entre los activistas.

Abraham G. Mehreteab
(Traducido del inglés por Carlos Barranco)

Publicado en El fusil roto, Diciembre de 2012, No. 94

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